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Nació en Oct. 29, 1897; Rheydt
Murió en Mayo 1, 1945; BerlínJoseph es de un precioso pueblecito alemán, donde nació en 1897. Es doctor en filología y escritor aficionado. Es decidido, inteligente y tiene sus metas muy claras.
Tiene dos grandes pasiones: el mundo de la publicidad y una política muy de su pueblo, alejada de los políticos profesionales. Vive en una bonita casa berlinesa, tiene amigos muy influyentes y está felizmente casado, aunque las malas lenguas dicen que tuvo una relación con una guapísima actriz checa, ya superada. Está muy orgulloso de su familia, y adora a su madre. Se considera un hombre romántico, sensible y con ganas de vivir la vida.
Destaca por su carácter decidido y su pasión por la radio, el cine y la cultura. Le gusta la música, el arte, viajar y estar con sus amigos.
Desgraciadamente no sale mucho en pantalla; por eso es nuestro "concursante secreto". Pero estamos convencidos de que si saliera más contribuiría a clarificar mucho las cosas...
Sus frases (y las de un buen amigo y colaborador suyo)
· "Si una mentira se repite las suficientes veces, acaba convirtiéndose en la verdad". (J. Goebbels)
· "Contra más grande es la mentira, más fácil es que la gente se la trague". (J. Goebbels)
· "La inteligencia de las masas es pequeña, y su capacidad de olvido, grande. Por eso hay que repetirles las cosas mil veces". (A. Hitler)
· "Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que les distraigan". (J. Goebbels)
· "Debemos ser generosos con el enemigo vencido, siempre y cuando no nos cueste nada". (J. Goebbels)
· "La propaganda debe ser sencilla, elemental y masiva. Dirigida a los sentimientos, no a realizar complicados análisis científicos, y ajustada para las entendederas de los miembros de la sociedad menos brillantes. Es para las masas, no para los intelectuales. Los intelectuales siempre han percibido y siempre percibirán a la propaganda como trivial, anticuada e incluso ofensiva, se haga como se haga. Y debe ceñirse a unas pocas ideas, presentadas una y otra vez desde distintos ángulos pero siempre confluyendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. Es propaganda, no arte ni ciencia. Y debe ser razonablemente realista, pues de lo contrario la experiencia cotidiana del público le hará perder credibilidad". (A. Hitler)
· "Es un error elaborar la propaganda de tal manera que satisfaga las expectativas de los intelectuales". (J. Goebbels)
· "El poder obtenido por las armas está bien; pero es mucho mejor conseguir los corazones de la gente... y conservarlos". (J. Goebbels)
Uno de sus pies había sido deformado por una enfermedad infantil y su estatura y complexión -demasiado ajenos para el prototipo germano- apenas lo hacían pasar por un hombrecillo insignificante. Sin embargo, la naturaleza y una educación esmerada compensaron con un intelecto brillante y maquiavélico a Paul Joseph Goebbels, el hombre que Adolf Hitler puso a cargo del Ministerio de Propaganda del Tercer Reich.
Hijo de una familia de la clase trabajadora de estrictos modales católicos, Goebbels nació en la llamada región del Rhineland y fue educado, por consigna de sus padres, bajo los rigurosos cánones de una escuela católica-romana.
Aunque la vida de Goebbels no era muy distinta a la cualquier otro joven de su clase social, pronto se daría cuenta que, no obstante, la suya era singular: debido a la deformación de su extremidad fue rechazado para efectuar el servicio militar durante los años de la Primera Guerra Mundial. Tal defecto físico habría de jugar un preponderante y desastroso papel en su personalidad, pues, a la postre, engendraría en él enfermizos deseos de compensación.
Durante su juventud, Goebbels acudió a la Universidad de Heidelberg, donde bajo la tutela del profesor Friedrich Gundolf -un renombrado historiador de origen judío que pasaba por ser un estudioso de Goethe y discípulo cercano del poeta Stefan George- realizó estudios de Historia y Literatura, obteniendo al final un doctorado en Filología Germánica.
Con su título bajo el brazo, un Goebbels entusiasta se inmiscuyó en diversas actividades, que iban de la literatura al periodismo, sin menospreciar a la dramaturgia. Aunque por entonces no había desarrollado su pensamiento políticos, se llamaba a sí mismo antiburgués y, de algún modo, había simpatizado con las tendencias socialistas y comunistas de algunos de sus contemporáneos en la Universidad.
Sin embargo, también en su ánimo pesaba un fervoroso sentimiento nacionalista que se volvió más intenso tras la derrota de Alemania en la Gran Guerra. A pesar de esto, Goebbels no era un antisemita, al menos no durante estos años: muchos de sus profesores en la Universidad fueron judíos y él los recordaba y tenía en alta estima; incluso, durante algún tiempo, mantuvo una relación sentimental con una chica uno de cuyos padres era judío.
En el otoño de 1924, entró en contacto con un grupo de amigos relacionados con nacionalsocialismo. Orador nato, pronto se convirtió en el administrador del distrito de Eberfeld por parte del Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei (Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores, NSDAP), y en editor de la revista quincenal del mismo órgano.
En 1926 Hitler eligió a Goebbels como jefe de distrito de Berlín. En tanto el NSDAP se había formado y desarrollado en Bavaria, hasta ese momento no contaba con ningún tipo de organización y bases en la capital de Alemania; la invitación, consecuentemente, era por demás tentadora.
El nuevo cargo de Goebbels fue resultado de la prudente pero -a la luz de la historia- jamás correcta elección que realizó entre Gregor Strasser, quien representaba a la más furibunda izquierda anticapitalista del NSDAP, y el ultraderechista líder del partido, Adolf Hitler. Yendo en contra de sus convicciones más profundas, Goebbels eligió a éste último.
Goebbels se dio entonces a la tarea de hacer del NSDAP el partido más fuerte de Berlín, así como también de deificar a los ojos del pueblo alemán, la figura de su mecenas, padre putativo y, en cierto sentido, su alter ego.
Su talento fue pronto recompensado por Hitler, quien en 1928 lo nombró jefe de propaganda del NSDAP a nivel nacional; de ahí a convertirse en el Ministro de Propaganda del Reich, apenas faltaba un escalafón y cinco años.
Convencido de que Hitler era el Mesías que el pueblo alemán esperaba, Goebbels comenzó a posicionar en la opinión pública la imagen del caudillo (Führer), el hombre que redimiría a Alemania de las injusticias de la Gran Guerra, el humillante tratado de Versalles y al final la llevaría a ocupar el lugar que le correspondía en la historia.
Lo logró. A fuerza de distorsionar hasta el grado de un ritual las celebraciones del partido y hacer de la oratoria su arma más poderosa, amén de las inmensas marchas y demostraciones que consiguió convocar, convirtió a las masas al nazismo y tendió la alfombra para que el Führer pudiese pisar con la firmeza de Atila a su arribo a la cancillería en 1933.
Ya en el poder, Goebbels no sólo operó la maquinaria nazi de la propaganda, sino también la recién creada Cámara de Cultura del Reich, lo que le dio la oportunidad de controlar la radio, el cine, el teatro, la literatura y la música, abarcando en el etcétera consiguiente cualquier otro tipo de manifestación artística.
Aunque en un principio su política cultural rondaba el liberalismo, tuvo que ceder ante las demandas de los ultranacionalistas. Fue así como, en orden de desacreditar a judíos y comunistas, creó la exposición Entartete Kunst (arte degenerado), que constaba de cerca de 20 mil obras de arte moderno confiscadas de varios museos de Alemania, y que fueron expuestas bajo el lema de "documentos culturales del trabajo decadente de judíos y bolcheviques".
El poder de Goebbels amainó en 1937 y 1938, tiempo en el que, por cierto, sostuvo un affaire con una actriz checoslovaca que estuvo a punto a hacer naufragar su matrimonio. Iniciada la guerra, Goebbels pasó a un segundo plano. No era algo en modo alguno extraño: en tiempos de victoria la propaganda no es un artículo de primera necesidad.
Sin embargo, tras las derrotas de la Wermacht en Africa y Stalingrado, Goebbels tuvo oportunidad de demostrar su genio en la medida en que el fracaso es el caldo de cultivo de la propaganda.
Contrario a lo que se piensa y a su propio axioma ("Una gran mentira repetida acaba por convertirse en verdad"), Goebbels no falseó jamás los hechos y expuso con dramático énfasis que la situación del país y del ejército era por demás precaria. Prueba de ello es el discurso en el que llamó a la guerra total, y que pronunció poco después de la derrota de Stalingrado, batalla que a la postre determinó el rumbo de la guerra.
Goebbels continuó con su labor de propaganda, incluso sin el apoyo de la prensa y la radio, intentando que resurgiera la esperanza a partir de elaborar paralelos históricos, evocando leyes inmutables de la historia y, en última instancia, refiriéndose a fabulosas y ficticias armas secretas.
Así, el Ministro de Propaganda del Reich demostró tener el coraje del que carecían otros miembros de la jefatura nazi, apareciendo constantemente ante las masas mientras sus compañeros de partido se retiraban y escondían en búnkeres y fortalezas.
Tras el intento de asesinato en contra de Hitler (julio 20, 1944) Goebbels consiguió su objetivo secreto y fue nombrado, el 25 de agosto de ese año, "Plenipotenciario del Reich para la Guerra Total". Pero era -y él lo sabía- demasiado tarde.
El 1 de mayo de 1945, con la mayoría de los ministros y militares nazis en desbandada ante la toma de Berlín por parte del Ejército Rojo, Goebbels llevó al cabo el último acto de lealtad al hombre que antes de suicidarse junto con su amante lo había nombrado, el día anterior, canciller del Tercer Reich. Satisfechos su ego y sus taras y plenamente consciente de que no había nada más que hacer, Goebbels instrumentó la más macabra y sangrienta de sus producciones: hizo que sus seis hijos recibieran una inyección letal y luego, junto con su esposa Magda, se suicidó.